No basta saber qué se produce: cinco señales sobre biodiversidad en paisajes productivos

Portada del carrusel Cinco cadenas, cinco señales: la biodiversidad también se gestiona donde producimos.

Cacao, café, ganadería, palma de aceite y caña de azúcar parecen mundos productivos distintos. Pero cuando la pregunta cambia de “¿qué se produce?” a “¿cómo está configurado el paisaje?”, comienzan a aparecer señales que se repiten.

Cinco cadenas no son un ranking

Una primera advertencia es necesaria. Encontrar 205 especies arbóreas en sistemas agroforestales de cacao, 227 especies de hormigas en un paisaje ganadero o cientos de especies de aves reportadas para zonas palmeras no permite concluir que una cadena productiva “conserva más biodiversidad” que otra.

Los estudios utilizan grupos biológicos, escalas, regiones y métodos de muestreo diferentes. Una cifra de plantas no es comparable con una cifra de aves, y un inventario realizado en cinco ecorregiones tampoco puede enfrentarse directamente con un estudio local de una finca o un paisaje.

Lo que sí podemos hacer es buscar patrones dentro de cada estudio y observar si ciertas ideas reaparecen en diferentes sistemas productivos.

Tres señales que aparecen una y otra vez

Estructura

Árboles, sombra, sotobosque y diferentes estratos modifican las condiciones dentro del sistema.

Elementos naturales

Bosques, rondas hídricas, fragmentos y vegetación asociada aportan hábitat y recursos.

Contexto

La misma práctica puede producir respuestas diferentes según la región y el paisaje circundante.

La estructura dentro de la finca sí hace diferencia

En paisajes ganaderos de los Andes colombianos, Rivera, Armbrecht y Calle (2013) compararon siete tipos de uso del suelo y registraron 227 especies de hormigas. Los sistemas silvopastoriles y los ecosistemas naturales estuvieron entre los ambientes con mayor riqueza, mientras la composición de las comunidades cambió en relación con la presencia de árboles y arbustos.

Ese resultado es importante por dos razones. Primero, muestra que un potrero con estructura vegetal no ofrece las mismas condiciones que un potrero simplificado. Segundo, el propio estudio encontró fauna exclusiva de los ecosistemas naturales que no apareció en los sistemas manejados.

Es decir: incorporar estructura puede mejorar un sistema productivo frente a una versión más simplificada, pero eso no convierte al sistema productivo en equivalente al ecosistema natural.

En cacao, la lectura es diferente pero complementaria. El análisis de 500 parcelas distribuidas en cinco ecorregiones registró 205 especies leñosas y mostró una marcada variación regional en composición y estructura. Esa diversidad describe lo que existe dentro de los sistemas agroforestales; no constituye por sí sola una comparación con bosque natural.

Lo que rodea a la finca también puede cambiar la respuesta

Uno de los ejemplos más claros aparece en los cafetales de sombra de los Andes colombianos. Gonzalez et al. (2024) estudiaron 160 plantaciones de café en dos departamentos con contextos de paisaje muy contrastantes.

En Antioquia, con aproximadamente 32 % de cobertura boscosa regional, la riqueza de aves y la completitud de la comunidad aumentaron con el mosaico de bosque y agricultura alrededor de las fincas, especialmente cuando los cafetales tenían mayor riqueza y abundancia de árboles.

En Cauca, donde la cobertura boscosa regional estudiada rondaba apenas 1 %, ni la distancia al bosque ni el mosaico circundante explicaron esas métricas. Allí, los principales predictores fueron los árboles presentes dentro de la propia finca.

La lección no es que el paisaje deje de importar cuando queda poco bosque. Es más interesante: la importancia relativa del manejo local y del contexto puede cambiar entre territorios. Por eso resulta peligroso convertir una práctica en receta nacional.

Los elementos naturales no son espacios “sobrantes”

En el agropaisaje cañero del Valle del Cauca, Sardi-Saavedra et al. (2024) muestrearon nueve áreas naturales intervenidas ubicadas junto a cultivos de caña de azúcar. Registraron 208 individuos pertenecientes a 38 especies de abejas y documentaron visitas a 25 especies de plantas.

La conclusión fue clara: esas áreas naturales asociadas al cultivo cumplen un papel fundamental como hábitat y fuente de recursos florales para las abejas silvestres. La señal no está entonces únicamente en la caña, sino en lo que permanece alrededor de ella.

En palma de aceite ocurre algo parecido cuando la mirada se amplía al paisaje. La literatura colombiana ha mostrado que los impactos sobre biodiversidad no pueden interpretarse únicamente desde la plantación. La retención de bosques y otros elementos naturales, así como la ubicación de la expansión productiva, cambia sustancialmente el resultado ecológico.

La finca también es un mosaico

La separación entre “producción” y “conservación” tampoco siempre ocurre como dos bloques independientes. Dentro de una misma finca pueden coexistir lotes productivos, vegetación ribereña, reservas, drenajes, caminos, árboles dispersos y fragmentos de bosque.

Mapa de la Granja Yariguíes en Santander que muestra lotes productivos de cacao, reservas de bosque, vías internas y el río Oponcito.
Granja Yariguíes, Santander. Adaptado de López-Ramírez et al. (2020), según la síntesis técnica Cinco cadenas, cinco señales.

En la Granja Yariguíes, en Santander, López-Ramírez, Restrepo-Quiroz y Solari (2020) estudiaron mamíferos no voladores dentro de un sistema agroproductivo de cacao compuesto por áreas productivas y zonas de reserva. El trabajo registró 17 especies y 13 gremios ecológicos.

La mayoría de los registros ocurrió en el bosque de protección, mientras varias especies utilizaron las áreas productivas para desplazarse. Los autores plantearon que las reservas aportan refugio y alimento y que las zonas productivas pueden contribuir al tránsito de algunas especies.

La imagen es útil porque obliga a mirar la finca como un conjunto. No todas sus áreas cumplen la misma función, y precisamente por eso la configuración espacial puede ser tan relevante como las decisiones tomadas dentro de cada lote.

Una cifra alta de especies no cuenta toda la historia

Esta es quizá la precaución más importante al hablar de biodiversidad en sistemas productivos.

Riqueza no es lo mismo que composición. Dos sitios pueden registrar el mismo número de especies y, sin embargo, contener comunidades biológicamente muy distintas. Un sistema manejado puede mantener numerosas especies generalistas y al mismo tiempo perder organismos especializados que dependen del bosque.

Por eso resulta más útil preguntar qué especies están presentes, qué funciones cumplen y qué componentes desaparecen que limitar la evaluación a un conteo total.

Este principio también evita un error frecuente: utilizar cifras tomadas de artículos diferentes para construir un ranking entre cacao, café, ganadería, palma o caña. Los números ayudan a dimensionar cada estudio; no convierten investigaciones heterogéneas en una competencia entre cadenas.

De la evidencia a las decisiones

Cuando las cinco cadenas se leen desde esta perspectiva, las recomendaciones dejan de ser una lista de buenas prácticas genéricas y comienzan a organizarse alrededor del paisaje.

  • Conservar: mantener bosques, rondas hídricas, humedales y otros elementos naturales que ya existen.
  • Manejar: conservar o incorporar estructura vegetal cuando tenga sentido para el sistema productivo y el territorio.
  • Restaurar: priorizar áreas cuya recuperación reduzca el contraste entre zonas productivas y vegetación natural.
  • Medir: ir más allá del número de árboles sembrados y observar cómo responden diferentes componentes de la biodiversidad.
  • Incentivar: conectar mejores decisiones territoriales con mecanismos capaces de movilizar recursos para sostenerlas.

La evidencia no ofrece una receta única ni permite afirmar que un sistema productivo sustituye a un ecosistema natural. Lo que sí muestra es que las decisiones dentro y alrededor de las fincas determinan cuánto se simplifica —o cuánto se reduce el costo ecológico— de la producción.

Tal vez por eso, cuando hablamos de biodiversidad en territorios productivos, la pregunta más útil no sea cuál cadena es “mejor”.

¿Qué elementos del paisaje podemos conservar, manejar o recuperar para que producción y biodiversidad tengan más posibilidades de coexistir?

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Portada de la publicación técnica La biodiversidad también se gestiona donde producimos: cinco cadenas, cinco señales

Ebratt-Matute, D. J. (2026). La biodiversidad también se gestiona donde producimos: cinco cadenas, cinco señales. Publicación técnica.

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Primera página del artículo de 2026 sobre diversidad y estructura florística en sistemas agroforestales de cacao en cinco ecorregiones de Colombia

Ebratt-Matute, D. J. et al. (2026). Diversidad y estructura florística en sistemas agroforestales de cacao, Theobroma cacao (Malvaceae) en cinco ecorregiones de Colombia. Revista de Biología Tropical, 74, e2026822.

DOI: 10.15517/q8khh806

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